vísperas sevillanas
Martes, 19 enero 2010
Para los que están enamorados de la ciudad en la que vivo, Sevilla, entre los cuales me incluyo, y de sus tradiciones, de sus fiestas, de sus olores y sus sabores, de sus costumbres, comienza ya una época en la que vivimos cada momento exprimiendo al máximo nuestros sentidos, cada uno a su forma, pero sacando el máximo partido a todo lo que nos ofrece nuestra tierra cuando ya se va acercando el final del invierno y va haciéndose sentir, aunque sólo sea en nuestros deseos, la primavera.
Aunque el frío y la lluvia aún azota nuestras calles, allá por el barrio de Los Remedios el gigante va tomando forma entre amasijos de hierro que nos mostrarán una ciudad paralela palpable en escasos meses. Cuando hoy he pasado por allí, a pesar del frío y el albero húmedo, han venido a mi memoria, a mis recuerdos no olvidados, las vivencias de una feria cualquiera en el mes de Abril de un año cualquiera, el olor a manzanilla, el sonido de sevillanas, de palmas, de cantes perdidos bajo las lonas a rayas de cualquier caseta, de farolillos mojados caídos tras el arduo trabajo de quien lo hace posible y que se ha convertido prácticamente en una tradición más a cumplir, como la primera sevillana cantada por Pascual González tras el “alumbrao” debajo de la portada…
Y mientras llega ella, mi feria, el aire nos traerá aromas de azahar y de incienso entre sus brazos, olor a cera quemada, y nos mecerá al son de alguna marcha de Font de Anta, cuya melodía ya nunca más podremos olvidar. Nos traerá sentimientos cofrades que se hacen grandes con el blanco de la Borriquita, el verde de las Esperanzas, el morado de nuestra Pasión y el negro de blondas de mantillas en la tarde de un Jueves Santo…
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