Diálogo o castigo físico para los más pequeños
Domingo, 29 Agosto 2010A día de hoy, en el año 2010, aún no tenemos claro cual es el patrón educativo más adecuado para aplicarlo a nuestros hijos. Se ha puesto de moda los padres modernos con un patrón de educación permisivo, caracterizado por la falta de límites, tanto a los hijos como “educandos” como a ellos mismos como “educadores”. Esta falta de límites, de normas y excesiva permisividad al final, bueno y al principio, resulta contraproducente, pues el niño no sabe a qué atenerse ni cómo comportarse. Suelen ser niños caprichosos, acostumbrados a conseguir todo lo que se les antoja, sin dar el más mínimo valor a las cosas que les rodean y sin respetar a los demás, su lema es “Lo quiero; lo tengo”. Estos padres terminan por perder el control sobre sus hijos, sobretodo a edades a la que las normas son indispensables para una correcta educación y respeto a los demás, ya que en su momento no castigaron el mal pero tampoco premiaron ni reconocieron el bien. Estos niños suelen terminar teniendo importantes problemas conductuales.

Otro patrón educativo, totalmente contrario al descrito más arriba, es el autoritario. Este modo educacional es excesivo, desde el punto de vista tanto psicológico como pedagógico, ya que no deja actuar al niño, no fomenta su independencia ni su libertad a la hora de tomar decisiones o actuar. Está supeditado a unas leyes que les vienen impuestas desde siempre por sus mayores y respecto a las que no cabe discusión alguna, ya que el adulto se niega a modificarlas en ningún caso y en ninguno de sus aspectos. Se trata de castigar el mal sin elevar el bien que se lleve a cabo. Este patrón de educación no resulta en absoluto positivo, en ocasiones se utiliza el castigo físico, y con esto es mejor andarse con pies de plomo. En este tipo de educación el diálogo se caracteriza por su ausencia.
Desde mi punto de vista y según algunos estudios realizados, el mejor de los patrones de enseñanza o de educación consiste en aquellos que buscan un crecimiento y desarrollo de los pequeños basados en la dignidad, el respeto y el diálogo. Tenemos que intentar dejar de lado aquel patrón que nuestros educadores llevaron a cabo con nosotros, pues en unos casos pensaremos que es el mejor y querremos llevarlo a cabo a toda costa, aunque en el caso de nuestros pequeños no sea lo más adecuado, y en otros quizá haya sido tan traumático que nos lleve a querer hacer todo lo contrario y por tanto actuar con los menores de una forma excesivamente permisiva… En el término medio está la virtud.
Hay que tener en cuenta que tal como ocurría en el fenómeno de la “impronta” con que nos ilustró Thorndike, para los más pequeños somo modelos a seguir desde el momento en que forman parte de nuestras vidas y compartimos con ellos nuestras vivencias y modos de actuar, por eso debemos siempre tener presentes que los infantes son “esponjas” y nosotros el espejo donde se miran.
Por otra parte debemos tener en cuenta que los niños son seres humanos y debemos comportarnos con ellos como tales, por muy pequeños que sean debemos desarrollar una capacidad de escucha que a ellos les haga sentir que “sus cosas” y “sus problemas” también son importantes para nosotros y somos capaces de ponernos en su lugar y dar importancia a lo que para ellos también la tienen. Debemos intentar no ridiculizar sus opiniones, sus planteamientos, sus intereses ni sus inquietudes, pues eso podría hacer que perdieran su confianza en nosotros y no desarrollaran adecuadamente su capacidad de resolución. Hay que intentar evitar los castigos que ridiculicen al pequeño o lo pongan en evidencia delante de otros, incluso delante de nosotros, sus educadores, eso no conduce a ninguna parte sino que termina paralizándolos ante situaciones determinadas por miedo a hacer el ridículo.
Y, por último, tendremos que evitar la sobreprotección del menor. Los niños también tienen derecho a equivocarse y darse cuenta por ellos mismos de que hay determinadas cosas o situaciones que no son adecuadas, y no podemos privarles de descubrirlas. No podemos tomar decisiones por ellos. Incluso cuando son más pequeños, los niños tienen que aprender a caerse para luego aprender a levantarse solos, sin ayuda, sin miedos y propiciando que el día de mañana cuando sean adultos no vivan con miedo y por tanto vivan a medias.
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