La Milá y su parcial imparcialidad
Miércoles, 27 enero 2010
Que la periodista Mercedes Milá me ha encantado desde siempre es algo que jamás he ocultado, y quien me conoce sabe de mi predilección por ella, incluso de pequeña cuando la veía en televisión en un programa de debates que conducía, del que no recuerdo el nombre, yo quería ser como ella. Tan segura de sí misma, tan decidida, tan clara y tan llena de fuerza. Verla desenvolviéndose ante los invitados, ante los distintos temas que se planteaban y ante la cámara era un gustazo, y lo sigue siendo, sobretodo en el programa Diarios de… donde realiza un periodismo de investigación valiente y arriesgado.
También me gusta verla en el otro programa que presenta, Gran Hermano, con tanto éxito televisivo y del que me considero seguidora sólo de galas y algún que otro debate cuando el sueño me lo permite. En esta ocasión, aunque su forma de hacer periodismo continúa en la misma línea de siempre, aparecen algunas variantes, en mi humilde opinión poco acertadas.
Dependiendo del concursante que tenga enfrente para entrevistar, el tono varía, el humor le cambia y la “mala leche” se le acentúa. Deja a un lado una máxima del periodismo como es la imparcialidad, para dejar ver el plumero de sus simpatías, y es que hay un dicho que encaja a la perfección: “Más vale caer en gracia que ser gracioso”, y sino que se lo pregunten a Arturo, que recién salido de una casa con nulo contacto con el exterior, tuvo que enfrentarse a una entrevista seca, fría, distante y cortante.
He de reconocer que con estos brotes partidista de la Milá se me cae el mito y me siento decepcionada por una periodista que tanto me marcó desde niña hasta el punto que llegué a soñar poder ser algún día tan buena periodista como ella…
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Esta mañana mientras leía el periódico no podía salir de mi asombro al leer que algunos bancos, la mayoría de ellos, estaban cobrando comisiones a las personas que se acercaban a las sucursales para realizar aportaciones económicas para la catástrofe ocurrida en Haití.
En este libro se nos cuenta la historia de dos niños afganos, amigos, o al menos así lo piensa uno de ellos, desde la más tierna infancia. Nos narra con un gusto exquisito las aventuras y desventuras que viven estos dos inseparables en el marco de un Afganistán que está en plena transición, cuando los acontecimientos se suceden de manera que muchos tienen que abandonar su país en busca de nuevas oportunidades. Unos lo conseguirán y otros se quedarán en el camino.

