Posted on nov 9, 2011 | 2 comments

ESCOBA No sé si sería de las antiguas con cerdas largas de un material parecido a la paja o de las modernas con cerdas de plástico. Quizás me inclinaría por las primeras; siempre me dieron la impresión de que arrastraban más la mierda, con perdón, y la mugre, incluso de los rincones a los que cuesta más trabajo acceder.

Malos pensamientos, malas compañías, malos consejeros… Tantos insultos, tantas mentiras, tantos engaños, tanta maldad, tanto retorcimiento en actitudes con el sólo fin de hacer daño… Falsedades, miradas, gestos, actos, todo eso que en algún momento de nuestra vida nos haga plantearnos una serie de barbaries para desaparecer, para escondernos bajo el edredón de la frustración, bajo la manta de la impotencia y la sábana de la pena…

Si esa escoba mágica de verdad existiera cuánta gente desaparecería para el bien de nuestras almas, y por qué no, para nuestra tranquilidad. Arpías que se disfrazan de amistad para llevarnos al terreno que quieren, aquel en el que moran las hienas para destrozarte en el primer paso en falso, o no, que des.

Cuántas alimañas carroñeras ya no serían alimentadas por infelices crédulas y transparentes. Si pudiera barrerlas, las amontonaría como pelusones, como las sobras que no queremos, y de sólo una pasada me desharía de ellas, y las echaría al contenedor de donde nunca más saldrán. Las mandaría al vertedero eterno, aquel que está repleto de ratas de dientes afilados que te envenenan sólo con acercarte a ellas, y el resto del mundo tan felices.

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Mi escoba serviría para borrar sonrisas de fotos falsas, para llevarme por delante y sin miedo a las amenazas, a los que amenazan, a los que mandan amenazar, a los que quieren amedrentar, a los que instigan bajo cuerda pero no dan la cara por miedo a que se la rompan, a los que no son claros, a los que titubean porque saben que no dicen la verdad, a los que no te miran a los ojos por la vergüenza que los invade por saber que no están actuando honestamente, a los que mienten para hacer daño; a los que pisan sin que la basura aún esté recogida…

Mi escoba y yo barreríamos a todos los que se hayan sentido aludidos por estas palabras, a los que se hayan sentido identificados en alguna de estas categorías, porque con gente así en el mundo, son muchas las escobas a necesitar.