Posted on feb 8, 2012 | 2 comments

Cuando por primera vez te supe, ya no hubo marcha atrás. los sentimientos se arremolinaron en mi corazón, en mi cabeza y en mi alma sin ser capaz de ponerles orden. Un estado de nerviosismo que no me dejaba parar de temblar, de llorar de abrazar a mi marido y dar gracias a mi abuela y mi suegro, que fueron partícipes en el milagro que cambiará nuestra vida para siempre. Algo tan deseado, tan querido durante tanto tiempo y por fin forma parte de nuestras vidas. Miedos y deseos iban y venían en un remolino de sensaciones a veces encontradas y otras de la mano. Quería abrir la ventana y gritar a los cuatro vientos que nuestro sueño ya era una realidad, ya estabas con nosotros aún si haberte visto, aún sin sentirte aún, pero sabíamos, porque así lo decían esas dos maravillosas rayitas, que estabas dentro de mi.

Llamadas para dar la noticia con el sufrimiento de que no ocurriese nada que empañara nuestra gran alegría, a quién primero, cómo decirlo, pero todo se hace solo y finalmente las palabras más hermosas son las que salen sin pensar y sin planear. Una voz al otro lado del teléfono que responde a la llamada con preocupación de que algo hubiera ocurrido por la intempestiva hora, allá por la amanecida de un día laborable que sólo acierto a recordar que era 15 de Diciembre…jamás olvidaré esa fecha…

Mi llanto y entre sollozos y risas nerviosas pronunciar y oír salir de mis labios lo que tantas veces había soñado…”Mamá estoy embarazada”… al otro lado una alegría inmensa y llanto contenido, me hubiera encantado tenerla al lado y darle un fuerte abrazo, aún lo recuerdo y se me llenan los ojos de lágrimas… Pero esta vez de alegría, de entusiasmo, de ilusión, de esperanza y de por qué no decirlo, de miedo, un miedo por el temor a no estar a la altura de las circunstancias…

Desde aquí cariño, quiero decirte que estoy deseando ver tu carita mi cielo, tenerte por fin en mis brazos, allá por el mes de Agosto, y disfrutar para el resto de mis días de la suavidad de tu piel, de la dulzura de tu mirada y la ternura de tus caricias.

Gracias por aparecer en nuestras vidas, por permitirnos ser tus papás, por regalarnos el regalo más maravilloso que jamás nos hayan hecho.

Un beso muy fuerte de papá y mamá.