La escolaridad a los dieciocho
En estos últimos días ha saltado la noticia a la opinión pública, no sé si de forma intencionada o no por el ministro de cultura Gabilondo, de la posibilidad de ampliar la enseñanza obligatoria hasta los dieciocho años. Como siempre que se lanza una noticia de este calibre, ha dado lugar a comentarios de todo tipo, a defensores y detractores de la misma.
En el caso del CSIF, ha mostrado su desacuerdo con esta medida, aunque hablar de ello como medida me parece algo precipitado, teniendo en cuenta que no hay nada sobre la mesa, más bien entiendo que Gabilondo ha querido hacer un sondeo, a mi parecer algo anticipado, sobre la opinión de la ciudadanía al respecto. El CSIF habla de los costes que supondría la iniciativa en cuestión, y que con ello no se solucionaría uno de los principales lastres que arrastra la enseñanza actualmente, el fracaso escolar, sino que según ellos podría verse incrementado.
Desde mi punto de vista, quizá ha sido un anzuelo lanzado con demasiada premura, para luego no pescar nada, es decir, que se ha servido una polémica en bandeja para todos, españolitos de a pie, políticos, docentes, periodistas y, como no, oposición, no sé si con intención de desviar la mirada del sector económico.
De todas formas, si me piden mi opinión creo que es una medida acertada, no sé si viable o no ni de qué forma podría llevarse a cabo, para eso tendría que hacer un estudio en más profundidad y no tengo ni ganas ni tiempo… Creo que el fracaso escolar es una de las grandes miserias de la enseñanza, el problema viene cuando la enseñanza no va de la mano de la educación… Me explico, en los colegios, al menos en mis tiempos, además de enseñar en materia, se enseñaba y educaba en valores, en principios, y los padres continuaban dicha educación, que no enseñanza, en casa, pero viendo los tiempos que corren no estoy muy segura de que esto siga siendo así. No quiero generalizar, porque cada familia es un mundo, tampoco quiero meterme en qué valores son adecuados o no, pero hay algunos que deben ser comunes a todos, seamos del color que seamos, y esos son el respeto, la tolerancia, la humildad, la sencillez, la generosidad, etc…
Creo que la educación debe ser algo que nunca se deje de lado, ni a los dieciocho ni a los noventa años, la enseñanza no estaría de más hacerla un poco más extensa en los años, aunque creo que de poco servirá si no se pone interés ni empeño en aprender. Lo que estoy segura que no viene mal es que se aprenda a no cometer faltas de ortografía, y a saber expresarse con propiedad, porque no entiendo que chic@s que llegan a primero de carrera, puedan tener más de veinte faltas ortográficas en una carilla.
No sé si la enseñanza debería durar hasta los dieciocho, pero las ganas y la inquietud por aprender deberían durar toda la vida.




8 Noviembre 2009 a las 19:14 pm
Comentario…
[..]Articulo Indexado Correctamente[..]…
14 Noviembre 2009 a las 10:44 am
Querida psicosevillana,
¿educación obligatoria hasta los dieciocho? Ni siquiera me parece lógico hasta los dieciseis como esta ahora, y te preguntaras, porque, pues por la sencilla razón de que en los tiempos que estamos, los adolescentes tienen una capicidad de decisión que no teniamos cuando teniamos su edad (dada la moyoria de las veces por la excesiva permisividad de los padres).
Las decisiones que toman son, en muchos casos, imposibles de modificar y las posibles alternativas que ofrecerles son excasas.
Por otra parte, el profesorado esta atado de pies y manos, en cuanto a la actitud que deben tener con respecto a los alumnos.
Es triste ver casi a diario como los chic@s de este pais saben cuales son sus derechos, pero no cuales son sus obligaciones.
En nuestra etapa de adolescentes, la rebeldia era igual que la de ahora, porque esta actitud la da la edad, pero los educadores (padres y profesores) tenian las “armas” para enderezarnos.
Ahora sin embargo,los profesores no pueden hacer nada, porque encima corren el riesgo de que un padre que esta por encima del bien y del mal, vaya a pegar una paliza al profesor que ha expulsado a su hijo del instituto.
Desde mi punto de vista, se debería dar una educación mas extricta a los chic@s desde el principio y hacerles saber que los derechos no son adquiros por el mero hecho de que existan, si no que hay que ganarselos con el esfuerzo diario en el cumplimiento de las obligaciones, para así, cuando necesiten ejercer un derecho, esten en plena capacidad de exigirlo;si no el asunto es una calle de una sola dirección que lleva a la falta de interes y el fracaso escolar.
Para concluir te diria que, un chico de 18 ó 16 años, que no tiene aptitudes para el estudio, deberia tener la posibilidad de entrar en el mercado laboral, y posteriormente cuando haya pasado la etapa rebelde y se de cuanta de lo necesario que es la formación, volver a darle la posibilidad de estudiar para especializarse en le sector que mas le satisfaga, despues de haber visto que uno estudia, para cultivarse si, pero tambien para llegar a conseguir un empleo de calidad que te haga sentir pleno.
17 Noviembre 2009 a las 19:38 pm
Hola Nina, respecto a lo de tener mano dura en lo que respecta a la educación tienes toda la razón del mundo. Como bien dices los educares en los centros de enseñanza se ven amedrentados por padres sin educación y sin preparación que anteponen las exigencias de sus hijos a lo que realmente deberían hacer para su bien.
Respecto a la posibilidad de que se les de a los chic@s de 16 ó 18 años la oportunidad de entrar en el mercado laboral para que cuando se den cuenta de su error vuelvna a la enseñanza, no estoy de acuerdo en absoluto. para mí eso sería bailar al son de ellos, de los que les apetezca en cada momento y del mismo modo que otras muchas cosas, deben aprender que las ecisiones que toman en la vida tienen sus consecuencias y luego deben actuar en consonancia a ellas. Esa opción, a mi entender es ponérselo fácil, y no creo que eso sea enseñarles nada de provecho, la vida no es un camino de rosas, al contrario se trata de equivocarse, caerse y volver a levantarse, y eso es lo que deben aprender, si quieren trabajar que lo hagan pero no debemos darle facilidades para echarse atrás sino que se busquen la vida para seguir adelante en el campo que más les interese.